¡Niños!, una lucha entre la vida, el estudio, los precipitados accidentes viales y la muerte.

Nicole Estefani Cañón Cadena, una pequeña de 10 años de edad, murió atropellada sobre una de las avenidas más importantes y transcurridas de la capital colombiana como la carrera Séptima. 

 Nicole falleció debido a la imprudencia de una buseta de servicio público, que la arrolló y la lanzó al otro lado de la carrera Séptima, sin prestarle ayuda alguna, huyó del lugar, mientras la niña se mantuvo entre la vida y la muerte; por si fuera poco, en instantes un taxi que pasaba apresurado, atropelló a la niña nuevamente, causándole la muerte de manera instantánea.

Proveniente de una familia humilde del barrio Pardo Rubio de la localidad de Chapinero, apenas cursaba su quinto año de primaria en el Colegio Distrital Manuela Beltrán, estando en el mes del Amor y la Amistad le recordaba a diario a su madre sobre el regalo que no se le podía olvidar para llevarle a su amigo secreto; lastimosamente luego de la mañana del 11 de septiembre Nicole no volvió a repetir tan insistentes palabras; sobre las 6 de la mañana salió en su bicicleta al colegio en compañía de un amigo del sector, quien evidenció el transcurrir de los hechos y a pesar de sus gritos de ayuda para con su amiga, no pudo hacer nada para evitar el trágico accidente.

Como todo niño, estaba llena de sueños e ilusiones, entre esos el anhelo de conocer el mar, soñaba con hacer parte de una excursión a Panamá que organizaba la iglesia de su barrio, pero no pudo volver a celebrar al lado de sus familiares y amigos ni su cumpleaños número 11, ni el día del Amor y la Amistad, ni ninguno de esos pequeños sueños que tenía preparados por realizar. Hoy es recordada por su alegría, excelente desempeño en el estudio y por la gran admiración que le tenía a su fiel cantante Daddy Yankee. Además de una bicicleta blanca ubicada en la carrera Séptima con calle 57, como conmemoración a ella y que allí fue el lugar en el que pudo estar por última vez.

Los accidentes de tránsito en niños menores de edad son los perjuicios ocasionados a un menor, en un determinado trayecto de movilización o transporte, debido a la acción riesgosa,  negligente o irresponsable, bien sea de un conductor o un peatón.

Una parte de los encargados de cubrir accidentalidad en donde haya muertos, es la Sección de Investigación y Atención de Accidentes de Tránsito, es la delegada para llevar a cabo en el lugar de los hechos la recolección e investigación de las evidencias físicas y los elementos probatorios, ocurridos en un accidente de tránsito donde quedan víctimas fatales.

Según cifras de la Policía Metropolitana de Tránsito a través del sistema de accidentalidad SIGAT con menores de edad involucrados en accidentes en el Distrito Capital, los resultados son los siguientes: durante el periodo 2008 -2009 en cuanto a muertos y lesionados por accidente es de 39 menores muertos y 2.433 lesionados por gravedad, afirma el Mayor Eiver Fernando Alonso Moreno, Comandante de Policía de Tránsito de Bogotá

Justos por Inocentes

Altos índices de accidentalidad en niños menores arrojan las entidades encargadas, se escuchan a diario fuertes sucesos, muertos justos que son víctimas de imprudencias viales; victimarios que huyen absueltos como fantasmas y luego declaran como inocentes espectadores de los sucesos, no aceptando que son ellos mismos los responsables de los cargos que se les imputan. La Fiscalía es la entidad encargada de llevar a cabo todo tipo de proceso judicial, respecto a accidentes de tránsito donde existe una víctima y un victimario. Según la Ley de Infancia y Aadolescencia 1098 de 2006, todos estos tipos de casos corresponden a un homicidio culposo con circunstancia de agravación, en donde el menor muerto es la víctima, mientras que el conductor o la persona que hizo el atropello es el victimario y no tiene derecho alguno a recibir ningún beneficio, así haya aceptado sus cargos. O por el contrario, cuando el menor es infractor, no haciendo buen uso de las señales de tránsito, ocasionando un accidente. La labor de esta entidad es juzgar  lo ocurrido, así el victimario esté en una posición justa, tiene que pagar por la muerte de un menor inocente que no cometió infracción alguna.

Una labor ardua y complicada

El proceso de investigación en accidentes donde está involucrado un menor muerto se maneja a través de la Policía de Vigilancia, encargada de hacer una reserva de los acontecimientos y encerrar la escena o el lugar. El CTI, quien diligencia el levantamiento de cadáveres, levanta planos y fotografías de los hechos y  la movilización del cadáver que es enviado a Medicina Legal. El grupo de laboratorio de Criminalística de la Sección de Investigación y Atención de Accidentes de Tránsito, que está compuesto por un coordinador, que organiza la diligencia del caso y todos sus procedimientos. Coordina actividades como inspección del cadáver, decide métodos de búsqueda de evidencias, informa de las fotografías y planimetría, rutas de ingreso, determina acordonamiento, anillo de seguridad; custodia, que ingresa a la escena cuando el cuerpo se encuentra fijado fotográficamente y topográficamente, hace una verificación ocular del cuerpo y su posición. Manipula cuerpo y verifica que prendas lleva, si encuentra huellas o evidencias; ubica pertenencias en un lugar de la escena y solicita fotografía de lo encontrado. Hace embalaje y rotulado del cuerpo para luego trasladarlo a la móvil y posteriormente hacer entrega a Medicina Legal con cadena de custodia; fotógrafo, que fija toda la escena del hecho fotográficamente, inicia con foto panorámica, toma fotos de planos medios, otras de los vehículos, hace primerísimos planos de las evidencias; topógrafa, ubica todos los elementos materiales probatorios, los fija fotográficamente y planimétricamente, toma medidas de las vías, curvas, distancia entre los vehículos y materiales y un Investigador, que es la persona encargada de indagar, entrevistar. Cumple labores de investigación con vecinos, de posibles testigos de los hechos, corrobora testimonios. Una labor difícil que está a manos de un grupo de personal profesional, que cubren tan fatales acontecimientos sin olvidar y sin dejar de lado que también como cualquier otro ser humano tienen sentimientos, alma y corazón.

Un camino más a la muerte.

La difícil situación económica por la que pasan numerosos padres, no les alcanza para cubrir muchos de sus gastos, por ende no le  pueden pagar una ruta escolar a sus hijos, si tienen para que lleven algo de merienda, dejan de cancelar otras necesidades básicas, es así como sus hijos tienen que irse caminando hacia los planteles educativos, y vivir el peligro de las grandes avenidas de la ciudad; refiriéndonos a familias de estratos bajos. Pero si acudimos a familias que si pueden pagar y darles gusto a sus hijos, nos encontramos con rutas escolares, otro camino más a la muerte.

Hace aproximadamente 5 años, el 28 de Abril de 2004, 21 niños perdieron la vida en un accidente de ruta escolar de un prestigioso colegio de la capital, sobre las 4 de la tarde y de camino a casa, estos 21 ángeles no volvieron a ver, escuchar ni sentir más que ambulancias, gritos y policías para unos que se mantuvieron entre la vida y la muerte y otros que se llevaron la imagen de la avenida suba, antes que cayera una cama pesada de transporte, encima de su ruta escolar. 21 ángeles que como Nicole, estaban llenos de sueños, diferentes socio-económicamente pero tan iguales por ser niños, en vez de llegar a sus casas para compartir con sus familias, fueron entregados por Medicina Legal para su sepultura y ahora recordados entre claveles, estatuas y bicicletas.

 

Tomado de http://www.youtube.com/watch?v=DV4X_lPC2iQ&feature=fvst